viernes, 23 de enero de 2026

Pontificar de lo que no se sabe ¿Es fraude?


 

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando aún no existía la arqueología se vivió un verdadero boom de excavaciones, sobre todo a partir de descubrimientos como Troya (Schliemann), Tutankamón (Carter), Cnosos (Evans), Karkemish (Smith) etc, además la historia del primero dejaba claro que no hacía falta tener mayores conocimientos arqueológicos ni históricos.

Europa se llenó de gentes que se dedicaron a horadar, agujerear, escarbar, cavar, hurgar, raspar… el suelo de cualquier lugar en cuyo nombre aparecieran las palabras hada, bruja, ogro, troll o cualquier otro ente mitológico y, en España, moro. Gente, que ya hemos dicho,  tenía poco conocimiento ( y  a veces ninguno) sobre el tema y  muchas veces tampoco respeto por lo que estaban haciendo; el sueño de muchos era pasar a la historia por haber descubierto algún tesoro con mucho oro y piedras preciosas como el Tesoro de Príamo (Troya), los vasos de Vicarello o los objetos de plata de Hildesheim,  por ejemplo; incluso existía el “modelo tasquero”, es decir el que se sentaba a la fresca en la tasca del lugar mientras los lugareños horadaban, agujereaban, escarbaban, escardaban… en busca de cacharros que después de un examen más o menos exhaustivo eran comprados por el “director de la excavación”.

Como sabe cualquier admirador de Agathe Christie, en esa época en que los museos eran un invento reciente y los países no tenían leyes de protección del patrimonio a los objetos encontrados se les aplicaba la ancestral ley del “rex nulluis” y por tanto era del que lo encontraba que podía quedárselo, venderlo o regalárselo a su amorcito.

La Bastida (Totana, Murcia) es uno los yacimientos más importantes de Europa. Es una ciudad de la cultura argárica (Edad de Bronce, entre 3300 y 1200 a C.) de unas 4 hectáreas de extensión, y se la considera importante para estudiar una de las primeras culturas clasistas. Fue excavada por primera vez en 1869 por un ingeniero de caminos y 18 obreros durante tres días, suficiente para escribir una ponencia con una descripción de los principales hallazgos que se presentó en un congreso en Copenhague, lo que despertó el interés de algunos excavadores (me niego a llamarles arqueólogos).

 

En la campaña de 1886 se hicieron famosos dos totaneros, Bernardo Marín Díaz a) El Rosao y Francisco Serrano Cutillas a) El Corro, por su buen ojo/buena suerte encontrando cacharrería argárica de buena factura y casi siempre intacta. Este par de individuos vendían/ eran gratificados por el director de la excavación que una vez autentificados los hallazgos (por él mismo) los volvía a vender a museos y coleccionistas particulares. La cacharrería encontrada fue comprada y expuesta en el Louvre, el British Museum, el arqueológico de Berlín etc. Un buen día se presentaron con una especie de botijo panzudo y con el cuello largo (para los más ancianos/as una botella modelo Calisay) que dejó desconcertado al director, no es que el modelo le fuera desconocido pero ¿Eso y Aquí? ¡Imposible! El Corro y El Rosao se defendieron ante tal duda y para demostrar la verdad de su hallazgo mostraron más objetos “que no debían estar allí” pero estaban. Algún artículo se escribió intentando demostrar que sí era posible que Eso estuviera Aquí hasta que alguien se dio cuenta de dos detallitos de nada:

1-     1- Si bien El Corro y El Rosau habían encontrado algún idolillo de piedra, de mala calidad dicho sea de paso, su “especialidad” era la cacharrería de cerámica.

2-     2- El Corro y El Rosao, en su vida civil eran… ALFAREROS!!!

Evidentemente se avisó a museos de estas sospechas y la mayoría de ellos retiraron sus objetos excepto el Britsh que a día de hoy los sigue exhibiendo, asegurando y aseverando que sus expertos los han analizado y estudiado y que son ¡Auténticos!

En 1920, el arqueólogo Juan Cuadrado se entrevistó con El Corro y no es que éste diera muchos detalles pero reconoció que empezaron su carrera como “saqueadores” pero después decidieron lo más fácil para encontrar piezas era fabricarlas. Las hacían en sus talleres, después las cubrían con tela empapada en agua de mar durante varios días, posteriormente las enterraban varias semanas en boñiga de caballo y por último unos días bajo la arena de la playa y ¡Hala! A encontrarlas. El principio del fin llegó cuando consiguieron que el cura del pueblo les regalara/prestara/cediera un libro con fotos de cacharros viejos que ellos imitaron tan bien como siempre, el problema es que ni El Corro ni el Rosao sabían leer y no se dieron cuenta que el libro era un tomo de “La Ilustración Española y Americana” y se habían dedicado a fabricar ¡Cerámica Inca!

A este punto hay quien habla de un tercer personaje, Francisco Cayuela, de profesión, señorito, quien habría sido la cabeza pensante y cuando éste lo dejo los alfareros acostumbrados a vender sus piezas a más de 5 pesetas cada una (un sueldo diario normalito eran 3 pesetas y el de un jornalero del campo 1,5) decidieron seguir solos con el negocio y fue su fin.

Y aquí comienza una serie de preguntas:

¿Eran El Corro y El Rosau un par de vivales que se aprovecharon de los sabihondos con ínfulas urbanitas?, ¿Eran un par de cuitados de los que aprovechó el señorito?, En el primer caso son culpables de fraude, sin duda ¿Y en el segundo?, ¿Fue el suyo un fraude científico o eso sólo lo pueden hacer los sabios?, ¿Y qué pasa con los autentificadores?, ¿Autentificar sin dominar el tema es fraude?

Y la pregunta más importante de todas: ¿Es este artículo un fraude?

 

                                                La causa del fin de El Corro y El Rosau
 

 

1 comentario:

  1. Qué interesante ejemplo. Yo tengo claro que eso es fraude científico, claro que sí, iagual que el famoso "hombre de Pitdown" (el supuesto "eslabón perdido" de la evolución que era in invento chapucero). Si las personas que proporcionaban los "resultados científicos falsos" no eran científicos, eran simples timadores, el problema científico lo tiene la persona que las da por buenas, las analiza, cataloga, etc. La les da carta de validez científica. Pero vamos, seguro que hay otras opiniones...

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Javier Ciga margolaria

  1877ean Iruñean jaioa eta hiri berean zendua 1960ean. Iruñeko “Escuela de Artes y Oficios”en egin zituen bere lehen ikasketak. Hiru ur...